REBELDE II

REBELDE, CAPÍTULO II

Las ganas de acercarme, de vencer la distancia, de acudir a la costa de sus labios y bañarme en un beso casi me ahogan. Sigo el código del caballero, las pautas del buen galán, por lo que digo:

    — Tus días de tristeza ya pasaron.

Encuentro su brutal resistencia, se opone con todas sus fuerzas al cariño y las muestras de afecto. El continuo hostigamiento la motiva a mostrar los colmillos, el menor indicio de abrir su corazón supone para ella una debilidad.

    —¡Claro, listillo! ¡Tú no vives mi realidad, tú no tienes que aguantarlo todos los días!

Mejor no intervenir cuando la furia suelta sus cadenas, la dejo desahogarse. Solloza por la rabia contenida. Mis manos tiemblan ante la emoción de sus ojos, quiero ser su pañuelo, aunque no solo quiero secar sus lagrimas, quiero erradicarlas para siempre.

Asisto a su escepticismo al verme esperando, tranquilo, sereno y sonriéndole sin cesar.

    — ¡Eres persistente, eso te lo admito!

    — Cabezón, también me vale.

    — Ja,ja,ja.

    — Un par de risas, que buena noticia. Puedes repetirlo más a menudo.

    — Idiota no te creas una gran cosa por un par de carcajadas.

    — ¿No es hora de volver a casa?

    — ¿Eres mi padre?

    — Para nada, solo tu guardaespaldas, aunque si tu me agarraste y casi me cago, no soy  demasiado bueno, ¿no?

Vuelve el manantial de alegría, ríe. Su risa provoca en mi la aceleración de mis latidos, un confort inigualable, a la vez que me siento como un conquistador ante su mayor logro. Consiente que siga sus pasos, el ritmo que impone es rápido. A medida que caminamos juntos nos acercamos, casi tocándonos, pero respeto el espacio. Miro hacia atrás tocándome la oreja, finjo que tengo un audífono igual que de los escoltas mientras digo:

    — ¡Todo correcto, Roger! ¡Cambio y corto!

    — Vas a hacer que me sienta importante, casi como una estrella.

    — Una estrella me parece vulgar a tu lado.

    — Tranquilo chico, no babees demasiado.

Un directo al corazón. Callo, escuece el comentario.

Mantengo el ritmo, de repente cesan sus pasos. No me doy cuenta hasta que choco con sus hombros, el impacto me sacude del atolondramiento, pero ella lo consigue aún más:

    — Perdona, no estoy acostumbrada a los chicos amables. Ya casi llegamos, pronto terminará esta tortura.

    — Hay quien no merece tu compañía, una tortura sería que siguieras con esos pensamientos estúpidos.

    — De nuevo con eso… ¡Pensabas que un par de palabras cambiarían mi opinión! Mañana volveré con mis acosadores y mi antiguo novio. Oiré sus insultos, trataré de ignorarlos, pero cuando llegue a casa el dolor aumentará.

    — Las nubes despejan el cielo ante el sol. Los parpados cerrados incluso perciben el calor.

    — Muy bien, y eso que tiene que ver conmigo.

    — No lo entiendo.

    — Lo harás.

Llegamos a su portal, una sombra intenta que no capte su presencia detrás de una cortina. La silueta femenina me indica que su madre la esperaba en el salón con la luz de una lámpara encendida. Aguardo a que entre en casa. Permanece enrabietada por mi enigmática frase, no la culpo. Seguro que la traición de sus allegados la motivan a desconfiar.

Parado ante su casa la veo subir los escalones, ella asciende cuál diosa del olimpo, mientras yo me quedo varado como muñeco de barro. Borra con una goma invisible la dureza de sus facciones, enciende un chispazo de gratitud y ternura su faz, detona en mí la condición de ganador. Siento que el principio es prometedor.

Ella lo modifica, lo aumenta, lo convierte en mejor:

    — Muchas gracias amable desconocido.

    — De nada, guapa.

Entra rápidamente, girando la llave que acciona los cerrojos. Visualizo a la madre que me dedica un saludo cariñoso, mueve su mano rápidamente y deja tanto de mirarme como de saludarme al constatar que entra su hija.

Vuelvo sobre mis pasos, ahora sé lo lejos que he llegado. Tengo una larga caminata de vuelta.

Remuevo la almohada, desentierro mi cuerpo bajo la pesada manta, ¡como salir de este nido en el que estoy tan a gusto!

Suena el despertador, empieza la segunda fase.

Atadas las deportivas, ajustada la cazadora, mirada de reprobación en el rostro, paso marcial y una actitud que lastima al que osa desafiarme. Chocan los puños un grupo de chavales, siguen una pauta sistemática como saludo. Grabo los diferentes turnos, el énfasis de cada uno, vigilando a quien erigen líder. Mi suspicacia señala al más delgado, no a la exorbitante masa de músculo, ni muchos menos al que destila intelectualidad por los cuatro costados. ¿Podríamos haber sido amigos? Quizás…

Una verja abierta, lugar de furias por los comentarios despectivos de unas jovencitas que tildan de puta a las chicas más favorecidas que ellas, de tener a mano la cabeza de medusa las petrificaría a todas. Leo el nombre del instituto, no me he equivocado.

Cruzo las puertas de ese pequeño infierno, en el que aún viven ángeles, chicos y chicas que sonríen abiertamente por reencontrarse pese a que el día anterior también lo hicieron.

Embadurnado de blanco el edificio con ventanales que se abren hacia dentro, dos trozos de pintura marrón tapan sendos grafitis que dejan ver los genitales que escondían, un trabajo de ocultación penoso. Paso por secretaría con mi maleta cargada al hombro, pido por una clase en particular. Solicitan mi carnét por ser el primer día, tras las comprobaciones espero el momento.

Aguardo a que entren todos los alumnos e incluso el profesor para impactar sobremanera. Me deslizo dentro casi por ensalmo por el pequeño hueco que dejaron al no cerrar la puerta, espero que deletreen mi nombre para decir:

    — Aquí estoy yo, Marco.

Inolvidable la cara que visualizo sin centrarme en ninguna otra, el rostro que encaja a la perfección junto al mío, leo más allá de las líneas de sus labios, escucho la ilusión que altera sus latidos, la sorpresa que enrojece su faz y el entusiasmo, que no ocultan sus manos en intentos de aplausos tímidamente desechados, para que no lo perciba.

Pronuncio una frase que quizás me cueste unas carcajadas, no me importa, ella tiene que oírlo sabrá a lo que me refiero.

    — Bienvenida a un nuevo día.

CONTINUARÁ…

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