REBELDE

REBELDE

 

 

 

Parto desde cero no tengo en mi regazo más que una cartera abandonada, busco en los alrededores una mirada rastreadora. Disiento ante la avaricia de ojos feroces que tratan de luchar por un billete perdido. Huyo ante la posible intimidación, pelea y posterior robo.

Talón, punta, talón… entre las vías. Lejos los perseguidores que han perdido el fuelle y las ganas.

Subo al andén, salgo lejos de la estación. Iluminado por tres farolas solitarias en un paseo que deja ver mejor las estrellas. Guardo en mi chaqueta la billetera en un acto de protección, no de usurpación.

Aferrado al pecho llevo el intento de devolver no solo el dinero, sino algo más importante que guarda dentro.

Levanto los ojos al firmamento para dejar mi grafía cual juramento. Ando sin pensar en el camino de vuelta, por lo que el destino tira de mis zapatos.

Piso un cordón desatado, caigo, pero la mano derecha me frena.

Los temores me asaltan, seguro que los ladrones me han atrapado. Enfoco a mi atrapante como un animal indefenso, aunque muestro el orgullo del perro acorralado.

— Suéltame imbécil…

— Ahora es cuando te disculpas y dices perdona no sabía que eras una chica.

— Es que no me lo esperaba, yo lo siento.

— Creo que tienes algo que me pertenece.

— No estoy tan seguro.

— Mira dentro, en el segundo apartado de la cartera, verás una foto mía junto a mi hermano pequeño.

Me aparto para comprobarlo, repaso con detalle todos y cada uno de los pasos. Abro la billetera, inspecciono los apartados, miro la foto, coinciden. Repito con letanía cada movimiento, parezco una máquina expendedora que imprime una y otra vez el mismo papel. Ella cansada de mi revisión extrema exclama:

— ¡Es para hoy!

Su belleza no pierde un ápice pese a su carácter. La melena cae en casi bucles por sus hombros, en su rostro encuentras dos hoyitos en los que cavar día y noche para que aparezca la sonrisa, unos ojos de tierra movediza porque me atrapan y la boca me cercena el pulso, ya que lo altera irremediablemente. Predomina el color sepia en la fotografía, por lo que la original gana mucho. Dista mucho el mohín que me pone de la sonrisa franca que le dedica a su pequeño hermano, de menos de un año al que sostiene en brazos como la mejor protectora y hermana del mundo.

La duración de la mirada es proporcional a su enfado por mi demora.

— ¡Has acabado ya!

— Un momento, tengo una pregunta.

— Vamos hombre, que no tengo todo el día.

— En la foto se esconde algo de suma importancia, sin menospreciar la fotografía.

— Un asunto privado.

— Cierto, pero si lo mencionas podré estar seguro al cien por cien de que eres la dueña.

Ni un ejemplar de toro mostraría tanta tozudez, calla por toda respuesta. Echo a andar como si tal cosa, quizás sea de un familiar, pero no de ella. Obstinada me sigue primero a un cansino trote hasta que acelero y ambos nos decidimos por el galope.

Su actitud cambia del feroz ladrido a la dulce tentación:

— Si paras, te doy un beso.

Seductor, muy seductor, casi un insulto el no frenar la carrera. Avanzo sin mirar atrás ni repensarme la proposición, aunque inconscientemente aflojo la veloz marcha. Noto una voz que jadea, tiendo a esperarla cada vez un poco más.

— Esperaaa…

— De acuerdo, ¿te lo pensaste bien?

— Sí, empiezo a contártelo, pero mejor un resumen.

— Nada de eso, con pelos y señales.

— No me dejas opción. El título es carta de despedida y…

— ¡Continúa!

— Te lo diré, tal cual está: “Quiero deciros que ya no aguanto más el papel de patito feo, ni de inadaptada. En el instituto me acorralan con insultos, apenas puedo respirar. Fea suena desde cada rincón, además del humillante puta. Tuve una relación con un chico algo mayor y no lo ha superado, por lo que me ridiculiza a la mínima ocasión junto a sus amigotes. Estoy harta, cansada de esta vida. Ante mí solo veo vacío. No os culpéis, es mi decisión.”

Escuchada la carta manuscrita por ella la rompo en mil pedazos ante su cara.

— La has roto.

— Así espero haber quebrado tus ganas de cometer una tontería.

Mi próximo acto puede suponerme un guantazo de aúpa, una galleta sin mantequilla que escocerá, pero allá vamos.

CONTINUARÁ…

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