TOLERANCIA CERO

TOLERANCIA CERO

Huele a manzana podrida en este cesto. A distancia reconozco los colmillos de quien no es digno de denominarse bestia ni humano. Reparo en cómo manda con los ojos inyectados en rabia, aquí yo de mero testigo.

Anuncian sus nudillos un castigo inmerecido por una supuesta falta en la vestimenta, demasiado corto arguye el energúmeno. Presto atención a la reacción de la declarada victima, ella trato de disuadirlo, mostrando paciencia y amor. Lastima que él sea un muro inmune a las virtudes del corazón.

Obstinado en permanecer en el anonimato, encogido por un <<ellos arreglaran sus diferencias>>, hablando a la misma piedra quedándome de lámpara fundida, pues aporto cero luz o solución. Rasco en la superficie de mi parecer, quito los anatemas por un bien mayor, desocupo el papel de invitado de piedra.

El yunque pilón que forma su mano acerca poco a poco su peligro a la chica que lanza un grito de socorro. Apelo a la gracia divina para llegar antes de que sufra no sólo un golpe físico, que puede curarse con mayor o menor gravedad, porque el que me preocupa es mental. Verla arrodillada ante un opresor, verla suplicando y más tarde aplicando el mea culpa me tortura.

Un cobarde pierde fuelle en cuanto la situación tensa más de lo que desearía. Considera una seria amenaza a un igual, por lo que atraviesa la ofuscación intentando sacarme de allí con un mero grito. Ella pone de su parte, la balanza del bien gana en aliados, por lo que el mal huye con el rabo entre las patas.

Hace intención de agradecer cuando el monstruo se ha marchado. Le indico sólo un favor a mi persona: Nunca toleres.

 

 

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