UN VUELO DE ALTURA

UN VUELO DE ALTURA

Ensimismado, absorto en el lejano horizonte. Mi cometa apenas  sube, desciende a mayor velocidad. La precipito bien por accidente, o, ¿por poca destreza?

Los intentos suman la friolera de un centenar. Debido a ello empiezo a repartir culpas indiscriminadamente. Me fijo en la tela, las varillas, la aerodinámica y el producto en general, por lo que las primeras quejas vomitadas por mi boca recaen en el fabricante.

― ¡Menuda birria de cometa! ¡Se creerán buenos en lo que hacen!

A mi lado un niño corretea y con un suave toque de muñeca lanza una cometa igual que la mía. El modelo del mismo año, no difiere ni en su color azulado. Mi primera escusa rota en mil pedazos, la empresa no tiene la culpa.

Podría contentarme o…

Busco un nuevo culpable. Miro hacia arriba y encuentro un clima al que adjudico el estado de no favorable. Sí, eso es, las nubes entorpecen las corrientes de aire necesarias. Argumento al vacío, pues el espacio destinado a mi cometa lo ocupa el pequeño, que sigue disfrutando de las piruetas de la suya.

El tiempo no le causa a él ningún impedimento, pero si a mí. No tiene ni pies ni cabeza. Hurgo en la localización de un ente problemático. Hallo otro: ¡Me quita los carriles de viento! ¡El niño me priva de jugar a gusto con mi cometa!

Empleo un tono brusco y hostil:

― ¡Aparta de aquí, que me jodes la posición ideal para lanzar la cometa!

Muestra una indiferencia total con el hecho de cambiarse de sitio. Ignora mi lenguaje pueril y accede de buen grado exhibiendo una sonrisa. Tacho su en teoría «generoso acto» de vanidoso. Un falso en toda regla. Cumple con mi advertencia, pruebo y fallo.

Estrello el juguete en el suelo más quemado que una chimenea en invierno. Pienso en la navidad como otro mal sueño.

La cometa es un regalo de estas fechas festivas, aunque para mí parece un despojo, inservible, que además me recuerda mi  estado de frustración: El año pasado no conseguí mis propósitos.

Este año voy por el camino, ya que ni siquiera vuelo la maldita cometa.

Ausente no me percato de una diferencia fundamental en la ejecución de mi movimiento. Utilizo las diez diferencias respecto de mi contrincante infantil:

  1. Él no niega antes de cada lanzamiento.

  2. Me agarroto; él no se tensa.

  3. Pienso demasiado; él parece no hacerlo.

  4. Disfruta en todos los intentos; yo me fustigo con cada uno.

  5. Cambia y se adapta a cada corriente; a mí me cuesta moverme siquiera un centímetro.

  6. Supera las corrientes adversas; me dejo llevar por la tempestad.

  7. Culpo a todo y a todos incluido a mí mismo; mientras que él agradece la situación tal y como es.

  8. No controlo mi ego; a él no le domina.

  9. Me siento derrotado; él, vencedor aunque la cometa caiga.

  10. Vuela la cometa antes incluso de pensarlo; yo la tiro sin acallar mis pensamientos.

Seguro que encuentro muchas más si continúo mirándolo. Pese a mis malos modos me tiende la mejor mano del mundo:

― ¡Tú puedes! Te dejo la mía y jugamos los dos.

¿Rechazo su oferta por cabezonería o… Acepto y me divierto?

Vuela la cometa de mi nuevo amigo en mis manos. La mía gracias a su manejo dibuja círculos en el aire.

Recupero la alegría perdida y comienzo a cumplir mis propósitos.

No busco más culpables, solo veo luz.

Vuelo tan alto como la cometa, alzo los pies del suelo, no pienso, disfruto de la vida.

 

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